sábado, 20 de febrero de 2010

La información que entrega ONU a la Prensa

Ricardo Seitenfus, el representante de Insulza en Haití,
“Las Naciones Unidas gastan 90 % del presupuesto en seguridad y sueldos. Solo el 10 % llega a la población haitiana”

POR CS,
Aunque según dice “el solo habla de la OEA”, da la impresión que se esforzó por tomar distancia de la ONU y sus estrictas políticas de seguridad para visitas internacionales. Le rechazo a la Minustah una guardia armada para custodiarlo el y a Insulza, y prefirió manejar el mismo el todo terreno de Insulza, solo con gente de la OEA. Ricardo Seitenfus, de 62 anos, es el brazo de Insulza en Haití. Cuando en 2004 Naciones Unidas el presidente de Brasil Luis Inacio Lula Da Silva acepto comandar la Minustah, este le señalo a Kofi Annan que el brasileño más indicado para acompañar a Gabriel Valdés era Ricardo Seitenfus, un académico experto en Haití y no un diplomático de Itamarati.

El hombre de Lula fue quien preparo la visita del secretario general de la OEA a Puerto Príncipe, su cita con Preval y la conferencia de prensa internacional en una reforzada Base Militar de la capital, en la que uso el tercer puesto de la testera. Se comenta que fue el que primer diplomático que se comunico con Preval el 13 de enero, un día después del terremoto y acá se le considera el diplomático latinoamericano mas cercano al mandatario haitiano y su gabinete.

¿Cual es el principal problema de Haití en este momento?

En términos generales, el problema crucial es que de los 650 millones de dólares que al ano llegan a Haití, la comunidad internacional gasta 90 % del presupuesto enviado en seguridad y sueldos de la ONU. Solo el 10 % llega directamente a la población haitiana. Esa cifra tiene que invertirse. Este es el paraíso de las ONG y el infierno de los haitianos, principalmente por la mala distribución de asistencia humanitaria, incluso antes del terremoto.

¿José Miguel Insulza señalo a El Mercurio que la coordinación internacional había presentado problemas. Cual es su evaluación esta situación?

Es cierto esta es una operación de Paz Clásica. Es una operación de estabilización y ha no han nada que estabilizar. La minustah no ha estado a la altura, la Minustah se derrumbo con el terremoto, es una vergüenza. Lo que acá se necesitan son mas civiles y gente que de trabajo a los haitianos


¿Cómo está actuando la ONU con la libertad de prensa en Haití?

Yo soy de la OEA, pregúntele a la ONU.

¿Hay lugares donde no se puede sacar imágenes. Cree UD que la línea de abertura de prensa desarrollada por Preval es similar al acceso a la información que la ONU ha dado a la prensa internacional?

Lo que pasa mucha gente fue agredida con las imágenes mostradas al mundo. Pero la opinión pública del mundo tiene derecho de saber que pasa en Haití, el rol de los reporteros es crucial en esta emergencia.

Un dia antes del Martes 12

Haití a cinco años de lA llegada de tropas chilenas la Minustah

En Haití ya no hay miseria, pero las imágenes de devastación permanecen. Si bien el país caribeño hace gestos por ponerse de pie y una pequeña comunidad vive en el lujo, la carencia de agua potable, electricidad, medicinas, pañales y juguetes navideños evidencia que una catástrofe humanitaria continúa.

Con dos meses de vida y dos kilos de peso, Jacob derrota a la gonorrea gracias a un joven médico chileno. Un teniente pierde un litro de sangre y entra en shock cuando una ametralladora de guerra le deja un hoyo de cuatro centímetros de la mano derecha. A 40 grados de sol un soldado saca sonrisas a 70 huérfanos vestido de viejo pascuero. Un reportero chileno es testigo de cómo en la morgue cobran por autopsias express. Al electrocutarse una noche de tormenta eléctrica un suboficial escapa de la muerte con la ayuda de sus camaradas. Cien dólares para liberar a un junior local exige de coima un oficial policial haitiano. Dos puntarenenses son héroes en un barrio con tres orfelinatos porque llevan agua en un aljibe. Con cicatrices de cigarro, calvo y desnudo, Watson de tres años se acerca a un civil para susurrarle con miedo shi shi shi le le le merci Chili. Un general escucha por radio la muerte de un subalterno jordano por una bala que perforó su “casco azul”, para que ninguno de sus 7000 efectivos se desmoralice baja del tanque que lo transporta y cruza a pie dos kilómetros bajo ataque de francotiradores. Una anciana pide a otro chileno cuatro sillas de ruedas por celular. Estas son algunas de las veladas historias de los civiles y militares que trabajan en Puerto Principe y Cabo Haitiano ligados la Misión de Paz de la ONU en país caribeño.

Fuera de los 557 efectivos de la Fach, Armada, Ejercito y Carabineros, en Puerto Príncipe la capital haitiana de Y millones de habitantes, existe una comunidad de 22 civiles chilenos que llevan entre un mes y 30 años viviendo el país caribeño de la santería. Entre estos últimos las opiniones sobre la situación actual haitiana no son tan similares a las de los militares que acceden a relatar sus vivencias a Reportajes. “Ya no hay miseria, pero las imágenes de devastación permanecen”, sostiene un alto oficial militar. Un civil apasionado por el país y su gente afirma lo contrario “acá no hay pobreza, hay miseria”. Un tercero que llego para adoptar a un niño que escapo a la muerte confirma que si bien hoy los extranjeros pueden caminar de día por la calle sin chaleco antibalas, los peligros de la corrupción y de la falta de servicios sanitarios dignos permanecen estaticos.

En contraste con los civiles y militares chilenos que trabajan en Haiti sorteando sus múltiples escollos propios de la escasez y el atraso tercnológico, no pocos haitianos haitianos de terno y corbata con estudios de postgrado en el extranjero se indignan con estas afirmaciones. Para ellos ni la prensa ni la diplomacia “muestra lo bello de sus playas vírgenes, literatura y pintura, gastronomía, solidaridad, progreso social y los carnavales de Año Nuevo y Fiestas Patrias, que duran tres días con bailes y cantos en creole, el dialecto local híbrido de francés y zulu

Varios haitianos con familia en Santiago de Chile analizan que lo peor ya pasó y que las tropas militares deben retirarse y dejar el control en manos de la policía haitiana, una versión de descartan varios representantes de los mas de 400 organismo de cooperación internacional, que evaluan lo contrario: “El envio de militares debiera aumentar o mantenerse”, señala una diplomática francesa.

Esto es parte de los contrastes de Haiti y sus residentes de uno de los 10 países más pobres del mundo. A cinco años del inicio de la Minustah, el país hace guiños de querer ponerse de pie. Pero mientras una minoría criolla vive bajo un manto de lujo europeo, la realidad promedio evidencia catástrofe humanitaria por doquier. La venta de jeeps de 15.000 dólares, la proliferación de celulares, sistemas GPS, supermercados Carrefour, haitianos de trajes Armani, dos playas como Punta Cana, restoranes de cuatro tenedores y hoteles de 400 dólares la noche son excepciones que no sortean la ausencia radical de agua potable y electricidad, de calles transitables en auto, semáforos, cibercafes, baños con alcantarillado, medicinas y médicos especialistas, alimentos, toallas higiénicas para mujeres que usan un pañal de género, ropa de niño y las “normalidades” sanitarias de sus vecinos limítrofes en Cuba y Republica Dominicana.

Pero pese a la crisis contenida por la cooperación de 18 países, en la población se ven gestos de esperanza y agradecimiento. Muestra de ello es una piedra en Cite de Soleil, el lugar más mísero y no recomendable de visitar de Puerto Principe. Entre transeúntes sin ropa, que comen galletas de barro y baños al borde de un lago de excrementos acumulados, una roca mantiene pintada la bandera de Brasil, el país encargado de esa zona. En un orfedinato que hace llorar al que lo visita por primera vez un niño grita “viva Chile” en creole, y en el centro de la ciudad junto a letreros con campañas politicas porpias del año electoral, niños piden agua o dinero a todo aquel que parezca extranjero.

No obstante, los avances on visibles si se compara ahora al Haití de 5 años atrás. La comuna de Cite Soleil ha mejorado en un 200 por ciento. El lugar, aun considerado zona roja, hoy se puede recorrer a pie, aunque sólo con chaleco antibalas y casco blindado. “Esto es una favela, pero menos peligrosa”, sentencia un oficial brasileño que lleva dos años patrullándolo en turnos de 15 días. Aquí, mientras un hombre desnudo se lava los dientes, ollas comunes de arroz, impactos de bala de fusil en las fachadas de las casas, cuyas paredes mayoritariamente son planchas de zing. La gente es cariñosa con los chilenos y brasileños, aunque cada vez que pueden les piden alimento o lo que sea. A lo que ellos responden en inglés o francés, pero no en creole: “Sólo podemos darte seguridad”.

En el check point de este mismo lugar, en 2005, mientras repartía agua potable, ante el estupor de efectivos chilenos y argentinos un oficial recibió una bala de guerra en la cabeza, disparada por un tirador de las “gangs” del narcotráfico, que dirigían un menor de edad y dos jóvenes de 19 y 22 años, y que fueron desarticuladas. De hecho según pilotos de helicópteros chilenos y chóferes de carros blindados de Brasil durante 2009 no hay registro de enfrentamiento en Cite de Soleil, donde el intercambio de balas en 2005 era varias veces al día y en la entrada de las calles de tierra ripiada se habían construido fosas de cuatro metros de profundidad y ocho de ancho para que los tanques no pudieran ingresar. “Hoy se oye que gritan chileno bona pipa”, chileno buena onda en creolés el dialecto oficial, derivación de francés hablado con acento keniano o tutsi.

Asimismo hay otros varios avances
Agua descontaminada
Ingenieros caminos
Ingenieros caminos que permiten unir norte y sur en 5 horas y la capital dominicana de Puerto Principe en casi 10, pese a la cercania. Ello es porque aún faltan trechos por asfaltar, existe un atochamiento comparable solo al de Africa y porque la aduana los tramites para cruzar la frontera pueden duran dos horas.

“Contrariamente a lo que se piensa en Santiago, en Haití. No se ve la convulsión. Pero si se reduce el contingente total la situación anterior vuelve”, señala un comandante del lugar. Los diplomáticos latinos del acaudalado barrio Petton Ville es más radical “En Organismos multilaterales se habla de reemplazar de apoco el contingente militar por otro policial. Yo creo lo contrario. Se debe sacar el policial y traerse más militar” sentencia un diplomático local

Diferencia 2004 a la fecha, es que el 2004 existía una importante amenaza de los Ex miembros de las fuerzas Armadas Rebeldes liderados por RAVIX y grupos armados organizados. Se combatió contra ellos reduciéndolos totalmente. Hoy es mas relacionado con acciones delictuales y por lo mismo es una amenaza mas difícil de detectar.


Como señala un experto chileno que vive entre Port au Prince y Cape Haitian, “el país caribeño es el paraíso de las más de 400 ONGs de Derechos humanos y Ayuda Humanitaria y el cementerio de las de Proyectos de Ingeniería y Desarrollo, donde los planes de la PNUD son escasos o no se quieren informar a la prensa. Según la ONU, el trabajo de estos organismos no constituyen grandes aportes al país y muchas de ellas no están debidamente registradas.

En Haití existe un sin numero de orfanatos, la mayoría de muy pocos medios. “Al visitarlos uno no puede abstraerse de que tienen la edad de mis hijos y escasas posibilidades de un futuro mejor en el corto plazo”, señala un alto oficial de la Minustah que llega más de un año en el lugar.

Según un oficial de la PNUD, la educación mayoritariamente privada y de cuestionable calidad. Tampoco hay un registro de escolaridad en el gobierno ni entre las ONG.

En listado de heridos y muertos en el numero 18 se encuentra mi conductor del 2005 (filipino) que lo mataron en una emboscada en Cite Soleil cuando efectuábamos un control de las actividades que se estaban desarrollando. En le numero 79 el Tte Recasens y en le 87 el Gral Brasilero. Se puede observar que mayoritariamente son jordanos que inicialmente tenían como responsabilidad Cite Soleil, Brasileros y Sri Lanka. Todas unidades con Áreas de Responsabilidad en Puerto Príncipe.


“Hoy la seguridad y estabilidad se encuentra controlada, pero es muy frágil en atención a que el desarrollo politico y socio econmico no ha ido de la mano. Situación socio económico demuestra muy pocos progresos. Hay que reconocer progresos en el manejo de basura, control del trafico y mejoramiento de algunas carreteras. Hay que reformar la constitución y laLey electoral, ya que cada dos años hay comicios parlamentarios y en cada uno se gastan 18 millones de dólares”, señala un alto diplomático de madre chilena, asesor de Ban Ki Moon, que se halla de paso por la ciudad por Navidad y Año Nuevo.




DESDE PUERTO PRINCIPE

Por Carlos Saldivia, desde Puerto Príncipe

A una hora y media del centro de Puerto Príncipe está lo que queda de la Casa del Buen Samaritano, más conocida como el Hogar de Madame Paul. En el trayecto pareciera que el terremoto que destruyó Haití el 12 de enero pasado hubiera sido apenas ayer: casas en el suelo y otras por caer, cadáveres aún descomponiéndose en la calle, carpas por doquier, personas que buscan enseres ajenos entre los escombros y hordas pidiendo agua a un aljibe o alimentos en unidades militares.

Al final de un largo camino de tierra -sin nombre conocido, en el sector de Croix dus Bouquets-, cuyos hoyos y grietas no permiten avanzar a más de 40 kilómetros por hora, aparece un amplio y sucio portón rojo, sin letrero. Es la Casa del Buen Samaritano, que para 90 niños abandonados marca el límite entre lo que sería morir en la calle de hambre o sed y sobrevivir bajo una improvisada carpa, un vaso de leche y un plato de porotos con arroz al día.

Tras el terremoto, el lugar se asemeja más a un campo de refugiados iraquíes que a un hospicio para niños entre 12 meses y 15 años, como los que viven aquí. No hay agua potable, ni baño, ni camas suficientes, ni electricidad. Tampoco los había antes de lo que ellos llaman "el martes 12". El agua que les llega la trae el Comando Conjunto de Ingenieros Militares de Chile y Ecuador en un camión cisterna una vez a la semana. Eso les alcanza para comer, hacer algo de aseo y para un baño común a la semana. Un grupo de civiles de la ONU, que lidera un chileno que pide reserva de su nombre, con frecuencia hace una "vaca" para llevarles sacos de arroz y porotos, además de gas y carbón.

Al ingresar aparece lo más cruel de la miseria haitiana. Un paisaje sobrecogedor, bajo 35 grados de sol, sin sombra. Los niños toman mi mano entre las suyas, quieren un poco de mi agua envasada. Otros demandan salir en una fotografía, un abrazo o una caricia sobre sus calvas cabezas o famélicos brazos, ansiosos de gestos de ternura.

Un grupo de pequeños que no superan los cuatro años lloran desnudos, corren y tratan de beber agua con barro con sus manos de una pileta casi seca, ubicada en el patio. En esta misma fuente es donde se les da su baño semanal con un jabón antisarna, que claramente es insuficiente como medida de higiene. Detrás de la serie de carpas improvisadas puestas recientemente, se ubica la casa hogar y escuela. Hoy ha quedado inhabitable, debido a que el segundo piso presenta una visible grieta horizontal que recorre todas las paredes. "Con una réplica puede venirse abajo", explica Jean, un adolescente de 15 años en perfecto francés.

"El día del sismo estaba oscureciendo, los niños gritaban y saltaban de un lado para otro, se caían al suelo sin entender lo que pasaba. Afuera, la gente gritaba más fuerte y había un ruido horrible. Necesitamos una nueva casa para seguir funcionando y un nuevo estanque de agua, porque éste se agrietó", señala la directora, madame Paul.

La "madame" es una monja anciana, negra y risueña, de 60 años, que instaló este hogar hace 15 años. Una buena parte de los niños haitianos adoptados en Chile ha salido de acá. Un ejemplo de ello es Amelie, hija de Bárbara Vougoraux, quien vino por ella en 2007 tras una dura travesía que terminó con un final feliz.

"Antes del martes 12 estábamos mucho mejor, nuestra casa escuela era grande y la Minustah (Misión de las Naciones Unidas para Haití) enviaba periódicamente equipos médicos para ayudarnos con muchas cosas. Incluso hicimos una Navidad con los soldados de Chile. Ahora estamos viviendo en carpas, afortunadamente ningún niño murió", relata madame Paul. Pese a la ayuda, ella dice que lleva años pidiendo una silla de ruedas para poder trasladar a una pileta del patio a dos niños postrados y a otros dos que se deben arrastrar para ir a bañarse.

El hogar tampoco ha estado exento de cuestionamientos por los chilenos que lo han frecuentado. "Llegué a Haití en 2007. Me fui a buscar a mi hija que tenía dos meses y que en febrero cumplió 3 años. Estaba en muy malas condiciones, con desnutrición, diarrea crónica, y deshidratada, sin energía. Incluso creí que tenía daño neurológico. No podía fijar la vista, ni tampoco mantenerse despierta. Tras alimentarla, se incentivó y empezó a reaccionar, se rió, balbuceó, se veía como contenta. Todo lo que mandé al hogar, principalmente leche, lo habían vendido para obtener dinero para otras cosas", señala una madre que adoptó una menor de este hogar.

La casa del argentino

A 40 kilómetros de acá, saliendo del lugar más acomodado de la capital, Pettion Ville, se ubica uno de los hospicios más importantes de Haití, la Fundación Orphelinat Rose-Mina de Diegue, más conocida como la Casa de Madame Roland. Aquí, la situación no es mejor. Aunque se ve menos pobreza, las imágenes son todavía más crueles, pese a que el terremoto no dejó daños relevantes en el inmueble. Un niño desnutrido de dos años duerme en una dura banca de madera, otro más pequeño llora sin parar con gritos desgarradores. Un grupo de niñas intenta en vano sacar un poco de agua de un dispensador vacío. Ponen su boca para sacar gotas.

En la misma sala del segundo piso, un recién nacido está con un pañal XL desde hace horas y durmiendo en el suelo, como un objeto que apenas se mueve. No puede afirmar su cabeza y sus "hermanitos" de 5 o 6 años le hacen bruscas caricias para reanimarlo. El pequeño tiene la mirada perdida, como inconsciente, un rostro inexpresivo y, a simple vista, presenta desnutrición y deshidratación severa. Lo dejaron abandonado en la puerta del hogar pocos días antes de sismo. En otro sector está Paco. Según relatan en el hogar, Paco, de sólo ocho años, fue rescatado desde los escombros de su casa. Toda su familia falleció y los vecinos lo trasladaron hasta este lugar donde aún permanece totalmente en shock y sin despegarse de algún adulto.

Madame Roland habla un buen español. Está casada con un ex militar argentino, Osvaldo Fernández, a quien conoció en 1996 cuando él estuvo destinado en este país. Se casaron al año siguiente y, desde entonces, ambos sostienen el Hogar sólo "con la caridad de amigos y con 75 dólares mensuales que les da el Banco Nacional de Haití" para los 74 niños que tienen a su cuidado, desde bebés de 20 días hasta adolescentes de 16 años. Osvaldo realiza, desde hace años, gestiones ante las autoridades locales para que se les otorgue algún tipo de ayuda mayor, pero ha sido inútil, dice.

"Acá no tenemos nada, nos falta de todo, lo que usted imagine. Ya no podemos recibir más niños y tuvimos que contratar un guardia para la noche, ya que mucha gente, tras el terremoto, viene acá a abandonar niños que no pueden alimentar", afirma Fernández.

Algunos rostros de los menores producen escalofríos. En la sala donde nos recibe, llena de moscas y zancudos, unos 13 niños lloran sin cesar, sobre todo al paso del fuerte ruido de los helicópteros que, cada 15 minutos, sobrevuelan el sector a baja altura. En sus rostros hay un espanto que pocas veces se ve en pequeños como ellos. Aquí tienen baño y, aunque le pasan un trapero con cloro, el olor es irrespirable.

Desde este lugar salió rumbo a Chile, el 15 de enero pasado, Alejandrito -de 4 meses de edad-, que fue adoptado por el ingeniero penquista Alejandro Toro y su esposa. Este pequeño fue parido en un mercado de verduras. Su madre padecía una enfermedad venérea que se la transmitió al menor a los ojos. El médico chileno Andrés Guardia, de la Minustah, le aplicó un complejo tratamiento de antibióticos y una alimentación especial para combatir su desnutrición.

"El día del terremoto estábamos con Alejandro en el patio cuando empezó la tragedia. Los niños gritaban y se apegaban a mi cuerpo, mientras todo saltaba y se remecía. Alejandro subió al segundo piso a sacar a algunos niños y los puso junto a nosotros. Cuando terminó, salimos a la calle y vimos el horror y los muertos por montones. No había luz y era imposible avanzar en auto o moto", señala el argentino. Ese día, antes del colapso de las líneas telefónicas, Toro logró llamar a su esposa María Elena: "Hola, hubo un terremoto, estoy con Alejandrito en los brazos, no nos pasó nada", le dijo. Pero tras las dos réplicas, su mujer no pudo ubicarlo por 48 horas.

Osvaldo consulta si he tenido noticias de la chilena Andrea Loi, una de las benefactoras anónimas del hogar. Cuando le informo que falleció, rompe en llanto. "Andrea era muy buena con nosotros, iba a donar unas camitas para las niñas. Ese día envió un maestro para que tomara medidas y yo hablé con ella una o dos horas antes", recuerda.

Dice que hoy su mayor urgencia es un generador eléctrico. Curiosamente, el aparato podría costearse con la venta de uno de los tres autos que hay en el interior de la casa. Uno de ellos es un BMW que su cuñado repara en el antejardín.

En ambos hogares nos consultan por una misma y particular inquietud. ¿Es verdad que el gobierno de Chile pone dificultades para adoptar haitianos? Donde Madame Paul preguntan si es por qué son negros.

Burocracia y coimasHay molestia en Puerto Príncipe por cómo se ha tratado el tema de lo que se ha llamado "tráfico de niños". Esto, a partir de la detención de 10 estadounidenses que intentaron sacar ilegalmente de Haití a 33 niños por la frontera de República Dominicana. Para los civiles de la Minustah y para la gente en la calle, el problema es otro. Para fuentes diplomáticas y legales, el foco del tema es qué sucederá con los niños que perdieron a sus padres o cuyas familias los han abandonado en hogares para eludir alimentarlos. "¿Es mejor dejarlos morir o tratar de sacarlos clandestinamente del país para darles una vida, que en ningún caso será peor que el horror haitiano?", se pregunta un importante diplomático en Puerto Príncipe. Otro funcionario internacional va más allá. "Las autoridades migratorias haitianas ponen una serie de trabas para sacar a un huérfano. Siempre ha sido así, porque Haití no es parte de la convención de La Haya sobre adopciones. Pero si uno tiene todos los papeles y sólo falta el pasaporte, el mismo funcionario haitiano que ha puesto mil problemas, por 1.200 dólares entrega todas las facilidades y los sellos correspondientes. Mi hermano lo hizo así y no es el único caso", sostiene el personero, que pide reserva de su identidad.

Por Carlos Saldivia, desde Puerto Príncipe




El paisaje haitiano que impacta a Bachelet

La tragedia de los niños haitianos

Hasta antes del terremoto, había 44 orfanatos en el país, pero tras el desastre el número ha aumentado. Visitamos los dos hogares donde padres chilenos han adoptados niños. Ambos lugares -sin luz, agua, ni energía- sobreviven de milagro.



A 40 días del sismo que dejo más de 200.000 muertos y un numero no establecido de desaparecidos, el ambiente es haitiano es sobrecogedor. Aunque los haitianos han vuelto a sonreír, los cadáveres siguen en la calle, no hay energía eléctrica y por la noche la única iluminación son la luna y las velas. Esta semana una lluvia tropical dejo en evidencia la mala calidad de las carpas donadas. Es parte del paisaje que recibe hoy a la presidenta de Chile Michelle Bachelet, durante sus 6 horas de visita y que espera al presidente de Brasil Inacio Lula da Silva el próximo 25 de febrero.

Por Carlos Saldibia


A 40 días del sismo que dejo más de 200.000 muertos y un numero no establecido de desaparecidos, el ambiente es haitiano es sobrecogedor. Aunque los haitianos han vuelto a sonreír, los cadáveres siguen en la calle, los médicos chilenos aun atienden fracturas expuestas, no hay energía eléctrica sin un generador a petróleo y por la noche la única iluminación son la luna y las velas, que comienzan a agotarse, al igual que los billetes de menos de 10 dólares, las carpas, los antibióticos y los antidiarreicos.

Ninguno de los latinos que llega a Haití en un cómodo avión militar, cree que ya han pasado 40 días del terremoto de 7,2 grados que azoto a Haití. Los pocos civiles que se atreven a recorrer a pie el centro de Puerto Príncipe, para comprar agua, y la zona cero de Carrefour afirman que les parece que el sismo fue recién: todavía hay cuerpos podridos que salen bajo los escombros, filas de 1000 personas para recibir una tarjeta de racionamiento de comida o comprar un celular con tarjeta local.

Las réplicas se suceden tres veces por semana, las carpas por doquier quedaron anegadas por la primera lluvia caribeña del pasado jueves y ese extraño olor a carne quemada y descompuesta, que golpea al pasar por sectores como el frontis de la Escuela República de Chile

Para llegar a Haití, como civil hay dos formas de hacerlo. Una es en un vuelo de militar, donde el Ministerio de Defensa decide de cada país cooperante quien sube, pero no la hora en que el vuelo aterriza, ya que el aeropuerto Tussaint Louverture es controlado por tropas de EEUU. Otra forma es tomar un vuelo comercial a Santo Domingo y luego un bus hasta Puerto Príncipe, que llega de noche y después de 10 horas por un camino de tierra, pero ya sin peligro de secuestro.

La noche haitiana es similar a las previas al 12 de enero pasado, aunque bajo una oscuridad total y sin extranjeros a la vista, sugestionados con que la restricción de movimiento para personal de la Minustah a las 22 horas es signo de peligro de secuestro y robos.

De día, se ve lo que el secretario general de la OEA José Miguel, Insulza, calificó de hecatombe. Largas filas para trámites por doquier, casas de sábanas, heridos y cadáveres tirados en el suelo que nadie recoge. Agua hay a granel, pero no llega en abundancia al epicentro, en Carrefour. “Agua hay bastante para el que tiene gourdas haitianas. El 11 de enero costaban 75 litros 1 dólar, hoy 25 litros un dólar”, señala Luque Deput., vendedor de un local en calle Delmas, a tres cuadras de la embajada de Chile. “Es cierto, el agua subió al triple”, confirma Sergio Castillo, uno de los chilenos civiles que trabajan en la Minustah, organización que es cada día mas cuestionada en Haití por diplomáticos, militares y ONGs.

Por la calle pasea a pie sin escolta alguna el representante de la OEA en Haití y ex asesor de Lula Da Silva, Ricardo Seitenfus. “Esto sigue terrible, hay muy mala distribución. Si alguna vez existió la Minustah, se derrumbo el día del terremoto, hoy no existe o no sirve. El 90 % de los gastos de seguridad de la ONU se va a seguridad y solo el 10 llega a los haitianos”, señala el diplomático brasileño.

Según la OEA hoy han llegado un número indeterminado de voluntarios y más de 1000 ONG. Entre ellos se destaca un grupo de paramédicos chilenos, uno de los pocos que ha llegado al lugar del epicentro en Carrefour. El grupo a cargo de Alicia Villalobos, un trabaja 14 horas al día, arribó 7 días después de la tragedia y recorrer en un “tap tap”, una camioneta haitiana cuyo pick up hace las veces de autobús, distintos puntos de Carrefour, donde las fracturas expuestas están aún por doquier al igual que las infecciones en amputaciones mal efectuadas y sin antibióticos.

Univision acompañó en moto a 4 enfermeros y dos médicos a un campo de desplazados en el sector de Carrifour en un carpa. El lugar es una tragedia griega. “Atendimos dos fracturas expuestas y varias infecciones en extremidades. Hay gente que por primera vez se atiende tras el terremoto. Hoy hemos atendido a 260 personas, pero hay 2000 esperando por atención”, señala el enfermero Max Uribe.

Fuera de la carpa, bajo 35 grados de sol, la gente grita para ser atendida primero. Dentro, bajo un calor mayor, una doctora que habla creole perfecto detiene a unas 80 personas que quieren entrara a la carpa. “Un momento por favor. Pónganse todos desde este punto para atrás. Estamos trabajando y atenderemos a la mayor cantidad de gente posible y volveremos mañana”, grita sin megáfono pero haciendo retroceder a la muchedumbre, la joven doctora Paz Letelier. Entre los ya 500 haitianos que esperan afuera se corre la voz de que mañana vuelven los medicos así que muchos se retiran del lugar

EL TERREMOTO PARECE QUE FUE AYER